Marqués de Salamanca- conde del Fierro

 

Quizá no todos los que viven en el famoso barrio de Salamanca saben de dónde viene el nombre de su barrio. Viene de su constructor, el marqués de Salamanca, un ambicioso hombre de negocios al que nada se le puso por delante. Desde su llegada a Madrid tardó poco en amasar una de las mayores fortunas de la época, gracias a los monopolios de la sal o el tabaco; y supo manejarse tan bien en la primera Bolsa española que pegó tal pelotazo bursátil que arruinó a unos cuantos inversores. Quizás fue para ganarse la fidelidad de todos esos deudores que, en un gesto melodramático tan propio de él, Salamanca rompió todos los pagarés, tirándolos al aire al grito de “¡Perdono a tutti!”, frase de una ópera de Verdi.

Le gustaba mucho el teatro y la música: adquirió y reformó a todo lujo el teatro del Circo (decían las malas lenguas que para colocar a una de sus amantes, la bailarina Guy Stephan). También le encandilaban las bellas artes, poseía una buena colección de pintura y escultura, en concreto algunas obras de Goya adquiridas directamente a sus descendientes.

Fue Salamanca quién trajo el ferrocarril a España, respaldado por inversores como la reina Isabel y los Rothschild -la Reina mantuvo a lo largo de su vida una intensa relación (económica) con él. El título de marqués de Salamanca se lo sacó su majestad de la manga. En 1863 le hizo grande de España-. Su primera gran línea fue Madrid-Alicante, y ambas ciudades quedaron unidas un año antes de 1859, el año en que está situada Caen Estrellas Fugaces. La emblemática estación de Atocha aún tardaría en construirse: en 1859 era apenas un embarcadero.

Antes de eso, el marqués había estado en las famosas guerras entre las compañías de ferrocarril americanas, construyendo la Atlantic and Great Western Railroad en territorio salvaje de los indios seneca… Tan en primera línea que en Nueva York hay una ciudad llamada Salamanca por él.

A lo largo de su vida tuvo tiempo de arruinarse varias veces, y hasta de exiliarse en dos ocasiones a Francia -en una de ellas, la turbamulta revolucionaria asaltó su palacio y quemó sus obras de arte en la calle mientras él huía en secreto…

En 1859, la ciudad, atrapada por una muralla que le impedía crecer, necesitaba ya un ensanche, una capital moderna no podía tener aquel aspecto de pueblo, hacían falta barrios nuevos, viviendas más modernas y de mayor lujo, negocios florecientes que atrajeran más vecinos, también inversores. Semejante operación inmobiliaria requería de una mente astuta, la mirada de un visionario o de un hombre sin escrúpulos, el marqués de Salamanca levantaría aquel pequeño mundo en el nuevo ensanche de Madrid; así nacería el Barrio de Salamanca.

Para muestra de la fascinación que ya en su época despertaba el personaje, una pequeña selección de lo que los periódicos de entonces hablaron sobre él en un solo año, aquel 1859. Tan pronto es aplaudido por acudir con buen humor a un banquete de bohemios como se le acusa de un escándalo de sobornos.

¿Era un glamuroso bon vivant o un millonario sin escrúpulos? Nada estaba nunca del todo claro con este hombre brillante y temible.

El marqués de Salamanca inspira al antagonista de nuestra novela, que aquí toma el nombre del conde Del Fierro. Alonso Maximiliano del Fierro es un villano perfecto: atractivo, encantador, poderoso…  También protagoniza una historia de amor; tiene, en fin, muchas luces y sombras. Por lo menos tantas como el auténtico marqués.

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