Elisa Polifeme, una vidente ciega

En 1859, Elisa Polifeme es maestra de música en el Hogar Escuela para niños ciegos y sordomudos de la calle del Turco. Allí vive, en la buhardilla, un espacio sobrio que no dispone de adornos. En un mundo de hombres, Elisa es, pues, una de las primeras profesionales.

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El voto femenino ha de tardar aún setenta y dos años; ninguna de las atareadas damas que pasean la calle llegará a votar―. Asoman con timidez las primeras profesionales, como la propia Elisa ―un año antes se creó la Escuela Normal de Maestras―, pero son vistas como flores extrañas, poco «matrimoniables».

Algunas noches, sin embargo, Elisa Polifeme asiste como invitada de lujo a ciertas reuniones clandestinas que, en 1859, el año de Caen Estrellas Fugaces, comienzan a proliferar en la capital; son la última moda en los salones acomodados. Allí, la joven se sienta a una mesa, rodeada de ojos curiosos que pagan por ver cómo hace levitar objetos, o cómo se comunica con los espíritus de aquellos difuntos que se dignan a presentarse. En estos círculos mundanos, la profesora de música es conocida con un sobrenombre: La Divina Elisa. Sus manos recorren los objetos mientras los ojos de iris opalinos miran al techo. Pura paradoja: a pesar de que ve más allá de lo que otros pueden, Elisa es una medium ciega; no puede ver.

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No es esta la única contradicción. Por una parte, Elisa evoca el ideal femenino del Romanticismo: joven, hermosa, sensible, ensimismada en lo espiritual. El miedo la ha acompañado toda su vida, no ha sido fácil crecer con estas extrañas habilidades. Y nunca sabe Elisa lo que va a encontrar cuando abre esas puertas.

Después de sus afamadas sesiones le lleva horas conciliar el sueño, pareciera que se trae con ella un resto desde el otro mundo —toda la inquietud que acompaña a esas sombras que habitan el otro lado—, y queda bañada en un desasosiego del que le resulta difícil desprenderse. Durante días van y vienen las visiones: las olvida, pero igual que si fueran olas vuelven enseguida. Y es tan intenso el ímpetu con que regresan que le provoca a Elisa un gran malestar físico: náuseas, ahogos.

Pero enseguida habrá de buscar en lo más profundo de sí misma una inesperada fortaleza, la que permita emerger como un esquife entre las tempestades que vendrán. Más pronto que tarde va a verse envuelta en la inquietante conspiración que elabora una sociedad secreta conocida como la Sociedad Hermética. Poco puede imaginar Elisa Polifeme que ella misma forma parte de esta trama, y que buena parte de las cosas que conoce de su pasado habrán de ser puestas en tela de juicio.

Te engañaron, Elisa. Las cosas no sucedieron como te las han contado.

Para sortear los peligros que se ciernen sobre ella, esta joven profesora de música, esta vidente ciega que vive acobardada por sus visiones, habrá de necesitar de todo su valor.

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Mediums y ectoplasma (Stanisława P.)

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