La Sociedad Hermética

El camino del siglo XIX está sembrado de Logias y Sociedades Secretas. Algunos de sus nombres han llegado hasta nosotros como Los Caballeros Comuneros, la Sociedad del Anillo, El Ángel Exterminador o La Mano Negra.

Las hay para todos los gustos: republicanas, monárquicas, libertarias, esotéricas. Sus miembros se reúnen a planear los más dispares objetivos: derrocar al rey, coronar al rey, promover a este, defenestrar a aquel.

Ya en tiempos de Fernando VII, el rey prohibió estas sociedades y obligó a muchos de sus miembros a exiliarse, lo que hizo desaparecer a algunas; a otras, sin embargo, esto mismo les permitió crear nuevos brazos secretos en Francia o Inglaterra.

El inspector Granada oyó hablar por primera vez de la Sociedad Hermética durante su estancia en Londres, como invitado en la recién creada Gran Scotland Yard: fue el estricto sir Charles Rowan, alto cargo del Yard, quien le susurró por primera vez el nombre de la Sociedad. En 1859, años después y ya en España, esta extraña logia le tiene cada vez más inquieto, andan relacionados con asuntos turbios de los que nadie quiere hablar mucho. Se murmura que forman parte de ella miembros de la aristocracia del dinero, altos cargos de la Iglesia, incluso personajes de la corte cercanos a Isabel II. Sus redes llegan demasiado alto y sus miembros no parecen tener límite alguno.

Saca un pequeño objeto ensangrentado.
―Qué pasa ―pregunta Elisa, expectante.
―Le ha metido algo en la boca. Un broche, parece. Espere.
Lo limpia con su pañuelo. Es un broche dorado.

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El símbolo de la Sociedad Hermética es un caduceo: un cetro alado rodeado por serpientes, una de las dos más oscura que la otra.

―Es el símbolo de Hermes, el dios griego.
―El mensajero alado de los dioses, un gran orador, parece; Pero Homero nos lo describe también como taimado, ladrón, jefe de los sueños, espía de la noche y guardián de las puertas.
Elisa no puede ver que Luzón se gira hacia ella con un brillo de preocupación en el fondo de sus ojos.
―Hermes guiaba a los muertos y era el único capaz de entrar y salir del inframundo.

Hoy día podemos verlo en muchos lugares, pues como dice Edgar Poe: no hay nada más oculto que lo que se expone muy a la luz. El paseante del 2017 puede avistarlo todavía en el relieve de alguna suntuosa fachada, entre las volutas de la reja del Banco de España, en el interior del edificio de la Bolsa… Siempre en enclaves concretos donde se alían el poder y el dinero. Los lazos de la Sociedad Hermética han sido poderosos y son más largos en el tiempo de lo que pueda creerse. Quizás son incluso capaces de escapar de una novela y adentrarse en nuestra realidad.

 

 

 

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