Leónidas Luzón, un ex-Abogado del Diablo

Un advocatus diaboli es el fiscal en los juicios que la Iglesia hace a los milagros. Investiga y aplica la razón para demostrar que estos sucesos extraños no son sobrenaturales, que se trata de estafas, engaños, o simples hechos naturales. Sólo si estos hechos resisten el implacable ataque del abogado del diablo pueden pasar a considerarse verdaderos milagros.

En 1859, Leónidas Luzón  se ha convertido en un sabio solitario, un caballero gruñón con excesivo apego a las tabernas; pero hace años trabajaba para los jesuitas como abogado del diablo, en Roma, y sus investigaciones eran implacables. Fue entonces cuando comenzaron a conocerle por el apodo, Luzón el león. No destacaba precisamente por su diplomacia, algunas de las diatribas de este amante de la razón no sentaron bien a la curia. Acabó siendo retirado.

Vive en la calle Preciados, muy cerca de las obras que en 1859 están demoliendo la Puerta del Sol. Su propia calle se ha visto afectada, pero todavía es un pasaje estrecho, lejos aún de la famosa vía comercial en que terminará convirtiéndose.

Le fascinan las llamadas “nuevas ciencias” como la craneometría o la frenología; se pasa los días encerrado en su biblioteca, hundiéndose en un territorio más complicado que el vino: hace ya algunos años que Leónidas Luzón es adicto al láudano, la única cosa que calma los intensos dolores que sufre. Desde niño utiliza un corsé de cuero y hierro: la polio le perdonó entonces la vida, pero, a cambio, El León necesita de dos bastones para caminar, sus piernas apenas le sostienen.

Bajo el pequeño crucifijo que fuera de su madre y que Leónidas usa de pisapapeles, recortes de periódico muestran retratos de delincuentes; escritos encima aparecen apuntes rápidos, se trata de prever científicamente las negruras del alma a partir de ciertos rasgos del rostro. «Sujeto parricida: wurgsinn, órgano de la destructividad; sujeto condenado por robo: adquisividad».

Luzón intenta alcanzar su pañuelo. Por un movimiento torpe del codo cae al suelo el Traité des Poisons de don Mateo Orfila, con anotaciones de química de hará tres años, cuando se interesó en el estudio de venenos y remedios.

La aventura está llamando a su puerta y por mucho que refunfuñe, Leónidas Luzón acabará viéndose obligado a convertirse en lo último que hubiese esperado: un héroe de acción. Duelos, luchas, persecuciones sobre tejados. ¿Y qué podría ser capaz de levantar de su confortable sillón a este estudioso? Quizá algo que lleva dentro. Algo que estaba dormido y solo desea despertar.

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